Catalina (en italiano, Caterina) Benincasa nació en Siena el 25 de marzo de 1347, siendo la anteúltima de los 25 hijos de Iacopo, teñidor y mercader de telas, y su mujer Lapa de’ Piagenti. Desde los seis años de edad, su encuentro vital con Cristo Pontífice se tradujo en un deseo de unión total, que le sugirió ya a los siete años de profesar, en secreto, el voto de castidad: muy pronto, esta decisión discrepó con los proyectos matrimoniales que su familia, pocos años después, según la costumbre del tiempo, comenzó a perfilar para ella. Con el fin de confirmar su empeño por la vida, Catalina se afilió a las Hermanas de la Penitencia da Santo Domingo, rama laica de la Orden de Predicadores, uniendo a la vida en oración y servicio de la familia la asistencia a pobres, enfermos y presos.

Los problemas de su ciudad estimularon, así, su sensibilidad y su iniciativa, las cuales muy pronto se extendieron hacia las ciudades cercanas y la compleja situación de la Iglesia en la época. Los conflictos entre familias, el sectarismo político, las injusticias sociales, la decadencia moral del clero, la debilidad del Papado y los recargamientos de las instituciones eclesiásticas, determinaban la urgente necesidad de un saneamiento de la sociedad cristiana en Europa. Las 383 cartas de Catalina que han sobrevivido hasta nuestros días están dirigidas a varias personalidades eclesiásticas y políticas de su tiempo, y asimismo a componentes de todas las clases sociales, religiosos y laicos; entre ellos, muchos se convertirían en discípulos y amigos suyos.

El regreso de los Papas desde Aviñón resultaba, para muchos, la necesaria premisa de una reforma de la Iglesia y de una reconciliación entre los Estados europeos. Un primer intentato de volver a Roma, llevado a cabo por Urbano V (1370), había fracasado a los pocos meses; Urbano murió poco después su retorno a Aviñón, como le vaticinó Santa Brígida de Suecia. Al morir ésta (1372) su confesor, Alfonso di Valdaterra, fue enviado en 1374 por el nuevo papa, Gregorio XI, para pedir a Catalina que rezara por él y por la Iglesia (cf. Lett., 127), mientras que las ciudades toscanas se aliaban con los Visconti de Milán, contra el Papado. En mayo Catalina se marchó a Florencia, donde estaba reunido el capítulo general de los Dominicos; fue entonces cuando  fray Raimondo delle Vigne, originario de Capua, le fue asignado como director espiritual. De vuelta a Siena, donde se había manifestado un recrudecimiento de la epidemia de peste, se dedicó inmediatamente a la asistencia de los enfermos. 

En la primavera de 1375 Catalina viajó a Pisa y a Lucca para intentar sacar la dos ciudades de la liga antipapal promovida por Bernabò Visconti, y asimismo convencerlas a adherir a su proyecto de “pasaje” a Tierra Santa: esto parecía entonces una posibilidad para acabar con los conflictos que laceraban Europa, y la misma Catalina, como otras personalidades espirituales, pensó viajar personalmente a aquellos lugares para ofrecer, incluso a costa de su vida, la redención de Cristo a las poblaciones no cristianas: éstas, se convertirían en un nuevo cauce vital para la Iglesia (Lett. 218). La exhortación de Catalina estaba dirigida también a las mujeres devotas, como Monna Paola y sus compañeras de Fiesole (Lett. 144), y fray Tommaso da Siena, apodado “Il Caffarini”, atestiguó explícitamente que Catalina misma había deseado partir: «deseaba pasar – ella y otros – entre los infieles y a Tierra Santa» y hablando con Gregorio XI del “pasaje” había expresado el deseo de «visitar el Santo Sepulcro y participar en aquel pasaje, si Dios fuere servido, junto con sus más queridos amigos, para procurar la salvación tanto de los cristianos como de los no cristianos» (Processo Castellano, p. 44,27 e 45,9-13 Laurent; Legenda maior 2, 10, 19-21, p. 327 s. Nocentini). El primero de abril de 1376 Catalina tuvo la famosa visión de su propia misión reconciliadora, no sólo entre facciones y Estados enemigos, sino también entre cristianos y musulmanes, “pasando” de un pueblo a otro (Lett. 219).    

A primeros de mayo Catalina partió a Florencia, para promover la reconciliación de la República con el Papa. Después de unas semanas Catalina partió a Aviñón, para apoyar delante de Gregorio XI la reconciliación con los Florentinos, puestos en entredicho por el Papa. A finales de verano de 1376 Catalina obtuvo del Papa la promesa de su regreso a Roma e intentó obtener un rápido comienzo del “pasaje”, considerándolo urgente tanto para el bien de los cristianos como para el de los musulmanes (cf. Lett. 237). El 13 de septiembre la corte papal dejó Aviñón dirigiéndose hacia Roma por mar, mientras Catalina y sus discípulos salieron por tierra, deteniéndose en Varazze; con una nueva exhortación de Catalina, durante un rápido encuentro en Génova, Gregorio entró en Roma el 17 de enero de 1377, mientras Catalina llegaba a Siena a finales de diciembre.     

Tras fundar en Belcaro (cerca de Siena) un monasterio de contemplativas (Santa Maria degli Angeli), Catalina en 1377 pasó la última parte del verano y el otoño en Rocca d'Orcia, para reconciliar las dos ramas rivales de la poderosa familia Salimbeni y restituir la paz a aquellas poblaciones. Aquí Catalina, preocupada por la difícil situación que vivían la Iglesia y la sociedad de su tiempo, dio principio a la meditación y al dictado de su “Libro”, dando noticia de ello a Raimondo en una carta de su puño y letra (Lett. 272).  

A petición de Gregorio viaja, pues, a Florencia, para concluir la paz entre el papa y los florentines. A la muerte de Gregorio (27 de marzo de 1378), se elige como sucesor a Bartolomeo Prignano, arzobispo de Bari, con el nombre de Urbano VI (8 de abril). En Florencia Catalina, durante el verano, a Catalina le falta poco para que no la maten en el así llamado “tumulto dei Ciompi” (revuelta de los ciompi, los cardadores de lana de Florencia), pero se llegó a la paz entre la ciudad y el papado (28 de julio).

Una vez regresada a Siena, Catalina completó la redacción del “Libro”, que acabó a la mitad de octubre. Sin embargo, la intransigencia de Urbano VI había suscitado malhumores dentro de la Curia, y  el 20 de septiembre los cardenales, franceses en su mayoría, se reunieron en Fondi, nombrando un antipapa, Roberto de Ginebra, quien tomó nombre de Clemente VII. Tuvo así origen el cisma que habría dividido la Iglesia, y Europa, hasta 1417.     

El 28 de noviembre de 1378 Catalina, por orden de Urbano VI, llegó a Roma para sostener espiritualmente la Curia y contribuir a procurar el apoyo de los Estados europeos a Urbano. Ya era el momento de dejar al lado el proyecto del “pasaje” entre los no cristianos (cf. Lett. 274 y 340). Gracias al rezo y a una intensa actividad diplomática, incluso solicitando con misivas el empeño de los hombres de gobierno y la oración de los contemplativos, Catalina se dedicó totalmente a la unidad y reforma de la Iglesia. El papa hubiera querido enviarla personalmente a Nápoles, a la corte de la reina Juana de Anjou, junto con la hija de la difunta Brígida de Suecia (cuyo nombre era también Catalina): sin embargo, los temores de la joven sueca y de Raimondo persuadieron a Urbano que  mejor hubiera sido renunciar a su propósito, determinando así la profunda decepción de la Benincasa (Legenda maior 3, 1, 11-12, p. 364 Nocentini; Processo Castellano, p. 149,5-6 Laurent).

Después de una intensa actividad diplomática, fecundizada a través de rezo y penitencias incesantes, Catalina murió en Roma el 29 de abril de 1380, en casa de Paola del Ferro (cf. Tommaso de Petra cit. por Bartolomeo Dominici en Processo Castellano, p. 350,16 Laurent), en la que se había instalado junto con sus discípulos, en la calle entonces denominada “via del Papa” (Legenda maior 3, 3, 8, p. 374 Nocentini), hoy Piazza S. Chiara, n. 14. Fue sepultada en la cercana iglesia de Santa Maria sopra Minerva. En su epitafio (hoy conservado en la sacristía de la misma basílica) fray Raimondo mandó escribir que Catalina «asumió sobre sí misma el celo por el mundo moribundo» (mundi zelum gessit moribundi).

Panorama Cronológico

(cf. G. Cavallini, Caterina da Siena: la vita, gli scritti, la spiritualità, Roma, Città Nuova, 2008, p.19-30) 

Catalina (en italiano, Caterina) Benincasa nació en Siena el 25 de marzo de 1347, siendo la anteúltima de los 25 hijos de Iacopo, teñidor y mercader de telas, y su mujer Lapa de’ Piagenti. Desde los seis años de edad, su encuentro vital con Cristo Pontífice se tradujo en un deseo de unión total, que le sugirió ya a los siete años de profesar, en secreto, el voto de castidad: muy pronto, esta decisión discrepó con los proyectos matrimoniales que su familia, pocos años después, según la costumbre del tiempo, comenzó a perfilar para ella. Con el fin de confirmar su empeño por la vida, Catalina se afilió a las Hermanas de la Penitencia da Santo Domingo, rama laica de la Orden de Predicadores, uniendo a la vida en oración y servicio de la familia la asistencia a pobres, enfermos y presos.

Los problemas de su ciudad estimularon, así, su sensibilidad y su iniciativa, las cuales muy pronto se extendieron hacia las ciudades cercanas y la compleja situación de la Iglesia en la época. Los conflictos entre familias, el sectarismo político, las injusticias sociales, la decadencia moral del clero, la debilidad del Papado y los recargamientos de las instituciones eclesiásticas, determinaban la urgente necesidad de un saneamiento de la sociedad cristiana en Europa. Las 383 cartas de Catalina que han sobrevivido hasta nuestros días están dirigidas a varias personalidades eclesiásticas y políticas de su tiempo, y asimismo a componentes de todas las clases sociales, religiosos y laicos; entre ellos, muchos se convertirían en discípulos y amigos suyos.

El regreso de los Papas desde Aviñón resultaba, para muchos, la necesaria premisa de una reforma de la Iglesia y de una reconciliación entre los Estados europeos. Un primer intentato de volver a Roma, llevado a cabo por Urbano V (1370), había fracasado a los pocos meses; Urbano murió poco después su retorno a Aviñón, como le vaticinó Santa Brígida de Suecia. Al morir ésta (1372) su confesor, Alfonso di Valdaterra, fue enviado en 1374 por el nuevo papa, Gregorio XI, para pedir a Catalina que rezara por él y por la Iglesia (cf. Lett., 127), mientras que las ciudades toscanas se aliaban con los Visconti de Milán, contra el Papado. En mayo Catalina se marchó a Florencia, donde estaba reunido el capítulo general de los Dominicos; fue entonces cuando  fray Raimondo delle Vigne, originario de Capua, le fue asignado como director espiritual. De vuelta a Siena, donde se había manifestado un recrudecimiento de la epidemia de peste, se dedicó inmediatamente a la asistencia de los enfermos. 

En la primavera de 1375 Catalina viajó a Pisa y a Lucca para intentar sacar la dos ciudades de la liga antipapal promovida por Bernabò Visconti, y asimismo convencerlas a adherir a su proyecto de “pasaje” a Tierra Santa: esto parecía entonces una posibilidad para acabar con los conflictos que laceraban Europa, y la misma Catalina, como otras personalidades espirituales, pensó viajar personalmente a aquellos lugares para ofrecer, incluso a costa de su vida, la redención de Cristo a las poblaciones no cristianas: éstas, se convertirían en un nuevo cauce vital para la Iglesia (Lett. 218). La exhortación de Catalina estaba dirigida también a las mujeres devotas, como Monna Paola y sus compañeras de Fiesole (Lett. 144), y fray Tommaso da Siena, apodado “Il Caffarini”, atestiguó explícitamente que Catalina misma había deseado partir: «deseaba pasar – ella y otros – entre los infieles y a Tierra Santa» y hablando con Gregorio XI del “pasaje” había expresado el deseo de «visitar el Santo Sepulcro y participar en aquel pasaje, si Dios fuere servido, junto con sus más queridos amigos, para procurar la salvación tanto de los cristianos como de los no cristianos» (Processo Castellano, p. 44,27 e 45,9-13 Laurent; Legenda maior 2, 10, 19-21, p. 327 s. Nocentini). El primero de abril de 1376 Catalina tuvo la famosa visión de su propia misión reconciliadora, no sólo entre facciones y Estados enemigos, sino también entre cristianos y musulmanes, “pasando” de un pueblo a otro (Lett. 219).    

A primeros de mayo Catalina partió a Florencia, para promover la reconciliación de la República con el Papa. Después de unas semanas Catalina partió a Aviñón, para apoyar delante de Gregorio XI la reconciliación con los Florentinos, puestos en entredicho por el Papa. A finales de verano de 1376 Catalina obtuvo del Papa la promesa de su regreso a Roma e intentó obtener un rápido comienzo del “pasaje”, considerándolo urgente tanto para el bien de los cristianos como para el de los musulmanes (cf. Lett. 237). El 13 de septiembre la corte papal dejó Aviñón dirigiéndose hacia Roma por mar, mientras Catalina y sus discípulos salieron por tierra, deteniéndose en Varazze; con una nueva exhortación de Catalina, durante un rápido encuentro en Génova, Gregorio entró en Roma el 17 de enero de 1377, mientras Catalina llegaba a Siena a finales de diciembre.     

Tras fundar en Belcaro (cerca de Siena) un monasterio de contemplativas (Santa Maria degli Angeli), Catalina en 1377 pasó la última parte del verano y el otoño en Rocca d'Orcia, para reconciliar las dos ramas rivales de la poderosa familia Salimbeni y restituir la paz a aquellas poblaciones. Aquí Catalina, preocupada por la difícil situación que vivían la Iglesia y la sociedad de su tiempo, dio principio a la meditación y al dictado de su “Libro”, dando noticia de ello a Raimondo en una carta de su puño y letra (Lett. 272).  

A petición de Gregorio viaja, pues, a Florencia, para concluir la paz entre el papa y los florentines. A la muerte de Gregorio (27 de marzo de 1378), se elige como sucesor a Bartolomeo Prignano, arzobispo de Bari, con el nombre de Urbano VI (8 de abril). En Florencia Catalina, durante el verano, a Catalina le falta poco para que no la maten en el así llamado “tumulto dei Ciompi” (revuelta de los ciompi, los cardadores de lana de Florencia), pero se llegó a la paz entre la ciudad y el papado (28 de julio).

Una vez regresada a Siena, Catalina completó la redacción del “Libro”, que acabó a la mitad de octubre. Sin embargo, la intransigencia de Urbano VI había suscitado malhumores dentro de la Curia, y  el 20 de septiembre los cardenales, franceses en su mayoría, se reunieron en Fondi, nombrando un antipapa, Roberto de Ginebra, quien tomó nombre de Clemente VII. Tuvo así origen el cisma que habría dividido la Iglesia, y Europa, hasta 1417.     

El 28 de noviembre de 1378 Catalina, por orden de Urbano VI, llegó a Roma para sostener espiritualmente la Curia y contribuir a procurar el apoyo de los Estados europeos a Urbano. Ya era el momento de dejar al lado el proyecto del “pasaje” entre los no cristianos (cf. Lett. 274 y 340). Gracias al rezo y a una intensa actividad diplomática, incluso solicitando con misivas el empeño de los hombres de gobierno y la oración de los contemplativos, Catalina se dedicó totalmente a la unidad y reforma de la Iglesia. El papa hubiera querido enviarla personalmente a Nápoles, a la corte de la reina Juana de Anjou, junto con la hija de la difunta Brígida de Suecia (cuyo nombre era también Catalina): sin embargo, los temores de la joven sueca y de Raimondo persuadieron a Urbano que  mejor hubiera sido renunciar a su propósito, determinando así la profunda decepción de la Benincasa (Legenda maior 3, 1, 11-12, p. 364 Nocentini; Processo Castellano, p. 149,5-6 Laurent).

Después de una intensa actividad diplomática, fecundizada a través de rezo y penitencias incesantes, Catalina murió en Roma el 29 de abril de 1380, en casa de Paola del Ferro (cf. Tommaso de Petra cit. por Bartolomeo Dominici en Processo Castellano, p. 350,16 Laurent), en la que se había instalado junto con sus discípulos, en la calle entonces denominada “via del Papa” (Legenda maior 3, 3, 8, p. 374 Nocentini), hoy Piazza S. Chiara, n. 14. Fue sepultada en la cercana iglesia de Santa Maria sopra Minerva. En su epitafio (hoy conservado en la sacristía de la misma basílica) fray Raimondo mandó escribir que Catalina «asumió sobre sí misma el celo por el mundo moribundo» (mundi zelum gessit moribundi).

Panorama Cronológico

(cf. G. Cavallini, Caterina da Siena: la vita, gli scritti, la spiritualità, Roma, Città Nuova, 2008, p.19-30) 

1305


Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, elegido Papa con el nombre de Clemente V, traslada a Aviñón la sede papal.

1337


Da comienzo la guerra de los Cien Años.

1343


Cola de Rienzo es invitado a Aviñón para que solicite al Papa Clemente VI que regrese a Roma.

1347


Nascita di Caterina e Giovanna

20 de mayo. Cola de Rienzo asume el poder como tribuno de la Sacra República Romana.

El 25 de marzo, Domingo de Ramos y Año Nuevo según el calendario de Siena: de Jacopo Benincasa y de Lapa dei Piagenti, nacen en Siena Catalina y Giovanna. Ésta última muere después de algunos días.

1348


La peste devasta Europa y reduce la población a dos tercios aproximadamente. El 9 de junio, Juana de Anjou, reina de Nápoles, vende la ciudad de Aviñón al Papado.

En la familia Benincasa nace la última hija, que recibe también el nombre de Giovanna.

1353


Visione di Cristo ponteficeEn la calle del Costone, por donde baja a su casa, Catalina tiene su primera visión: Cristo-pontífice se le aparece por encima de la Iglesia de San Domenico, le sonríe y la bendice.

1354


caterina si taglia i capelliDespués de unos pocos años de ausencia, Cola de Rienzo regresa triunfante a Roma con el título de Senador, pero es asesinado muy poco después en una emboscada.

A los siete años tan solo, Catalina se ofrece a Dios con el voto de la virginidad. Desde este momento lleva una vida austera, que la familia trata de obstaculizar en vano.

1363


Caterina riceve labito del Terzo Ordine DomenicanoCatalina obtiene el hábito de las Monjas de la Penitencia de Santo Domingo, para vivir con mayor libertad de acción su propia dedicación al Señor.

1366 ca.


matrimonio mistico
La íntima unión de Catalina con Cristo culmina en la experiencia de las bodas místicas.

 

 

 

 

 

1367...


El Papa Urbano V intenta devolver a Roma la sede del Papado. El 30 de abril deja Aviñón y el 4 de junio alcanza Corneto y entra en Roma el 16 de octubre.

En  lugar de entrar en la celda de Catalina, Cristo, desde el umbral, la invita a salir y a participar en la vida de sus familiares.

 

... 1367


caterina dona la veste al poveroDesde entonces, Catalina se dedica de forma activa no sólo a la familia, sino también a asistir a los enfermos en los hospitales, a socorrer a los pobres y a los presos y a atenderlos en cualquier necesidad material o moral.

Se forma en torno a Catalina una “familia” de discípulos: hombres y mujeres, eclesiásticos, religiosos, laicos.



 



1370


Perugia se rebela contra los legados franceses del Papa.
Urbano V cambia Roma por Viterbo (17 de abril) y anuncia su intención de regresar a Aviñón.
Sale de Corneto en septiembre y llega a Francia el 24 de septiembre. Muere poco tiempo después (el 19 de diciembre), tal como Santa Brígida de Suecia le había predicho.
El 30 de diciembre le sucede Pierre Roger de Beaufort, con el nombre de Gregorio XI.

1371


La política del nuevo Papa, dirigida a reprimir el poder de los Visconti, Señores de Milán, encuentra apoyo en la Italia septentrional, en la reina Juana de Nápoles y en el rey de Hungría, Luis I. Las ciudades de la Toscana asumen una posición contraria a él.

1372


Gregorio XI anuncia al Concistorio su intención de quedarse en Roma.
La flota inglesa sufre una derrota en La Rochelle.
Santa Brígida de Suecia muere en Roma.

1373/1374


Catalina escribe a Bernabò Visconti (Carta 28) exhortándolo a ser fiel al Papado.

1374


17 de abril: Gregorio XI rebate en el Concistorio su intención de partir de Roma.

En el mes de marzo Catalina recibió la visita de Alfonso de Valdaterra, ex obispo de Jaén, que estaba en contacto con los movimientos eremíticos de l’Italie centrale y había sido confesor de Santa Brígida; Alfonso entregó a Catalina una carta de indulgencia de Gregorio XI, con la petición de rezar por la Iglesia (cf. Lett. 127).
En mayo, Catalina está en Florencia, donde encuentra nuevos amigos y discípulos. Se le asigna como director espiritual al monje dominico Raimondo delle Vigne.
De nuevo en Siena, Catalina pasa todo el verano asistiendo a enfermos de peste.
En otoño ella visita el monasterio de Montepulciano, donde rinde homenaje al sepulcro de Santa Inés Segni.

1375...


caterina riceve le stimmate2Nápoles, Génova y otros estados italianos ofrecen a Gregorio sus naves, suponiendo que el traslado a Roma de la corte papal va a ser inminente. Pero la perspectiva de que su presencia en Aviñón pueda favorecer el final del conflicto entre Francia e Inglaterra induce al Papa a aplazar su partida. Se firma el armisticio en Bruges.

En la primavera y en el inicio del verano, Catalina está en Pisa y en Lucca, tratando de disuadir a las autoridades locales de que se unan a la liga antipapal, favorecida por Bernabò Visconti y tratando a su vez de persuadir a éste de que tome parte de su proyectado paso a Tierra Santa.

El 1 de abril, un colapso de Catalina en la iglesia pisana de Santa Cristina manifiesta su conformación a Cristo crucificado, según la experiencia paulina de los estigmas (cf. Gal 6,17).

... 1375


La decapitazione di Niccolo di TuldoA su regreso en Siena, Catalina asiste al perugino Niccolò di Tulfo durante su ejecución: en su conversión, ella ve la “primera piedra” de la reforma de la Iglesia (Carta 273).

De nuevo en Pisa, a fines de 1375, Catalina recibe la visita del embajador de la reina de Chipre, entonces de viaje hacia Aviñón: él le pide a Catalina que solicite a Gregorio su “paso” hacia Oriente (Carta 132).

 

1376...


caterina con croce spalle e ulivo pacePisa y Lucca se unen a la liga antipapal (12 de marzo) y también Boloña se rebela (19 de marzo). Los mercenarios de Giovanni Hawkwood combaten contra los rebeldes y devastan Faenza. Gregorio XI pone en entredicho a Florencia, que es el centro de la rebelión…

Catalina escribe varias cartas a Gregorio para mostrarle la urgente necesidad de que vaya a Roma, de que reforme la Iglesia y de que promueva el “paso”. Raimundo y otros secuaces de Catalina van a Aviñón a defender la causa de Florencia.

1º de abril: Catalina tiene una visión simbólica (Carta 219), en la que los cristianos y los no cristianos entran juntos por el el costado de Cristo, mientras a ella Cristo le entrega la cruz y una rama de olivo para que la lleve a ambos pueblos.

 

caterina davanti gregorio xi

A primeros de mayo Catalina parte a Florencia, para obtener la reconciliación de los Florentinos con el Papa. A finales de mayo Catalina reparte hacia Aviñón, donde llega el 18 de junio. Raimundo le hace de intérprete, traduciéndole al latín sus palabras. La misión de Catalina no logra la reconciliación del Papa con Florencia, pero mueve a Gregorio a que tome la firme decisión de trasladarse a Roma.


Agosto: por petición del duque Luis de Anjou, Catalina (Carta 235) escribe a Carlos V de Francia solicitándole que ponga fin a la guerra contra Inglaterra y que se una al “paso” hacia Tierra Santa.

 

... 1376


caterina incoraggia gregorio xi13 de septiembre: Gregorio XI y la corte papal dejan Aviñón y se dirigen a Masella, donde el 2 de octubre se embarcan rumbo a Italia. Pero las naves deben luchar contra una gran tempestad y solo dos semanas después consiguen arribar a Savona y después a Génova, donde hacen una parada. Los cardenales franceses tratan de persuadir a Gregorio para que regrese a Aviñón, pero tras el encuentro con Catalina, la flota papal, el 29 de octubre, zarpa hacia el sur y el 6 de diciembre Gregorio y la corte papal alcanzan Corneto.

Gregorio XI entra a Roma13 de septiembre: Catalina y sus compañeros comienzan su viaje hacia Italia, por vía terrestre.

El 3 de octubre llegan a Varazze y al día siguiente parten hacia Génova, donde se quedan durante un tiempo, porque algunos de los discípulos enferman.

En Génova, Catalina tiene un encuentro con Gregorio y lo anima a continuar su viaje hasta Roma.

A fines de diciembre, Catalina regresa a Siena.

1377


13 de enero: la flota papal zarpa hacia Roma.

17 de enero: Gregorio llega frente a la basílica de San Pablo Extramuros y es escoltado hasta el Vaticano por una masa que lo aclama.

En febrero, los soldados bretones, guiados por el cardenal Roberto de Ginebra, masacran la población de Cesena, que se había rebelado contra el Papa.

 

El 25 de enero, Catalina obtiene de las autoridad de Siena el permiso de fundar un monasterio en Belcaro, en una fortaleza puesta a su disposición por Nanni di Ser Vanni, discípulo suyo tras la conversión.

Catalina pasa el fin del verano y todo el otoño en Rocca d´Orcia para mediar la paz entre dos ramas rivales de la poderosa familia de los Salimbeni y para que la convivencia civil retorne entre los habitantes del valle de Orcia, que la habían olvidado a causa de la violencia y del odio de sus Señores.

Primera ideación del Diálogo. Catalina se lo comunica a Raimundo con una larga carta (272) escrita de su puño y letra.

Para poner fin al enfrentamiento con los florentinos, el Papa Gregorio manda a Cataliana a Florencia como mediadora.

1378


caterina aggredita a firenze27 de marzo: muerte de Gregorio XI.

8 de abril: Bartolomeo Prignano, arzobispo de Bari, es elegido Papa. Toma el nombre de Urbano VI y proclama su intención de permanecer en Roma. Comienza inmediatamente a tratar de purificar la Iglesia de la corrupción y de los abusos, pero sus modos, excesivamente duros, le acarrean muchos enemigos.

En Florencia, a Catalina le falta poco para que no la maten en un tumulto. Tratado de paz entre florentinos y el Papado (28 de julio).


caterina detta il dialogo a fra santi2De vuelta en Siena, hacia el final del verano, Catalina se dedica a componer el Diálogo, que comenzó a dictar en los meses precedentes y que completó en la primera mitad de octubre.

20 de septiembre: los cardenales, franceses en su mayor parte, se reúnen en Fondi y hacen una nueva elección: su decisión apunta al cardenal Roberto de Ginebra, que toma el nombre de Clemente VII. Tiene comienzo así el Cisma, que durante casi cuarenta años dividirá en dos la cristiandad occidental y en ocasiones hasta en tres.

caterina ricevuta da urbano vi28 de noviembre: por orden de Urbano VI, Catalina se dirige a Roma. Un día después de su llegada, habla al Papa y a los cardenales que lo apoyan, animándoles a que confíen en la divina Providencia.

A mitad de diciembre, Raimundo de Capua zarpa desde el puerto romano de Ostia hacia Francia, enviado como legado papal a la corte de Carlos V. Se para en Génova al sentirse amenazado (cfr. Carta 344).

1379


Desde Aviñón, donde se trasladó con su Corte, Clemente manda soldados bretones a Italia para combatir contra los aliados de Urbano VI. Algunos de ellos buscan refugio en Castel Sant´Angelo.

El 29 de abril, en Marino, la armada del antipapa es derrotada por la Compañía de San Jorge, guiada por Alberico de Barbiano.

La Europa cristiana está dividida en ese momento en dos facciones: la Italia central, Venecia, Milán, Génova, Flandes e Inglaterra están de parte de Urbano VI; Saboya, España, Aviñón, Escocia y Francia siguen a Clemente VII.

Catalina escribe en Roma muchas cartas para apoyar a Urbano y manda a Neri de Landoccio a Nápoles (Carta 369) con la esperanza de convencer a la reina Juana de que se oponga a Clemente.

1380


morte di santa caterina
A fines de enero, Catalina sufre un grave ataque al corazón (cfr. Carta 371).

Pero desde el 2 de febrero se siente impulsada a dirigirse cada mañana, con gran fatiga, hacia la basílica de San Pedro, donde pasa todo el día rezando y en ayunas (Carta 373).

Desde el 26 de febrero ya no puede abandonar su lecho. Muere el 29 de abril, a medio día.

Dos días más tarde, de noche, su cuerpo es trasladado a la iglesia domenica de Santa María sopra Minerva, a pocos pasos del lugar de su muerte. Al día siguiente la gente desfila delante de su salma para darle el último adiós.

epitaffio tomba s caterina

Su confesor, Raimundo, manda escribir sobre su sepulcro esta inscripción: "Hic humilis digna prudens Katerina / hic pausat que mundi zelum gessit moribundi. / Sub Lapa matre, Dominico postea patre, floru/it hec munda virgo, Senis oriunda" (= Aquí reposa Catalina, humilde, digna, prudente: se hizo cargo del celo por el mundo moribundo. Bajo la madre Lapa, y después bajo el santo padre Domenico, floreció esta virgen pura, originaria de Siena).

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